Si el mundo ya es tan bello, Señor, observado con vuestra paz en nuestros ojos ¿qué más podríais darnos en otra vida?

Por eso me siento tan celoso de los ojos, y el rostro, y el cuerpo que me habéis dado, Señor, y el corazón que late sin parar… ¡Temo tanto la muerte!

¿Con qué otros sentidos me haréis ver este cielo azul sobre las montañas, y el mar inmenso, y el sol que por todas partes brilla? Dadme con estos sentidos la paz eterna y no querré más cielo que este cielo azul.

Aquel que en ningún instante dijo «¡Detente!» salvo a aquel que lo llevó a la muerte, yo no lo entiendo, Señor. ¡Yo, que querría detener tantos momentos de cada día para hacerlos eternos en mi corazón!… ¿O es que este «hacer eterno» es ya la muerte?

Pero, entonces, ¿la vida, qué seria? ¿Únicamente la sombra del tiempo que pasa, y la ilusión de lo lejano y lo cercano,  y la cuenta de lo mucho, y lo poco, y lo demasiado mentiroso, porque ya todo lo es todo?

¡Qué más da! Este mundo, sea como sea, tan diverso, tan extenso, tan temporal; esta tierra, con todo lo que en ella se cría, es mi patria, Señor; y ¿no podría ser también una patria celestial?

Hombre soy y es humana mi medida en todo lo que pueda creer y esperar; si mi fe y mi esperanza aquí se quedan ¿me culparéis de ello en el más allá?

Más allá veo el cielo y las estrellas, y todavía allí querría ser un hombre; si habéis hecho las cosas a mis ojos tan bellas, si habéis hecho mis ojos y mis sentidos por ellas ¿por qué cerrarlos buscando otro manera de mirar? ¡Si para mí no habrá nada como esto!

Ya sé que sois, Señor; pero ¿dónde lo sois? ¿Quién lo sabe?

Todo lo que veo se os asemeja en mí… Dejadme creer, pues, que sois aquí. Y cuando venga aquella hora tan temida en que se cierren estos ojos humanos, abridme, Señor, otros más grandes aún para contemplar vuestra faz inmensa.

¡Sea mi muerte un nacimiento aún mayor!

El «Canto Espiritual» fue escrito por Joan Maragall entre 1909 y 1910 y publicado en su libro Seqüències (Secuencias) de 1911. Xavier Ribalta lo incluyó en su disco dedicado a Joan Maragall en 1985. La traducción que traigo aquí, apenas altera el original. Como en otras ocasiones, no hay nada que adaptar. El poema es tan bello que cualquier aportación por mi parte no haría sino empeorarlo. Sí se han cambiado algunas expresiones que, traducidas literalmente al castellano, alterarían el sentido

No soy una persona espiritual. Al menos, no en el sentido religioso del término. Ignoro hasta qué punto lo era Maragall. Sin embargo ese deseo de aferrarse a la vida tal cual la conocemos, me es propio. Particularmente en este momento concreto de mi vida. Y me parece que, más que un canto espiritual, el poema de Maragall es un canto terrenal. O, al menos, así me gusta verlo.

Existen otras versiones cantadas de este poema, como la de Marina Rossell. Sin embargo, me parece que la voz profunda de Xavier Ribalta le da al poema su justa dimensión. Por ello se ha traído aquí esta versión. En cuanto a la fotografía que acompaña esta entrada, esta tomada, muy recientemente, en la Alcazaba de Málaga. Un lugar muy adecuado para, en mi opinión, sentir que lo que tenemos es todo lo que tendremos.

© J. Ignacio Sendón. 4 de enero de 2020

 

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